caoitulo dos
No pude evitar que mi cara se transformara en una mueca de confusión. Sin querer pensar, ni hacer nada, dejé la carta en una pequeña mesa cerca de mi cama luego me lancé sobre ésta, nuevamente. Ahora me percaté del peculiar aroma que ésta tenía. Una mezcla a primavera y bosque. Extraño, pero no tan malo. Cerré mis ojos, y apoyé totalmente mi cabeza sobre la almohada, relajándome del todo sin ninguna preocupación, por ahora.
La almohada era blanda y suave, y la cama, como anteriormente he citado, blanda y mullida. No me costó nada poner en orden mis ideas, y relajarme, casi, instantáneamente.
Mis párpados comenzaron a volverse pesados, mientras yo hacía el intento de que no se cerraran. Pero fue en vano, ya que fui cediendo poco a poco al sueño que me invadía por completo. Terminé durmiéndome al momento en que mis ojos se cerraron.
A pesar de que la habitación y el hotel tenían un aspecto terrible y aterrador, dormí de lo más bien. El cómodo colchón me acogió durante la fría noche. Por suerte, el cubre cama y mi grueso pijama no me hicieron pasar frío. El sol ya brillaba en lo alto del cielo cuando me desperté. Iluminaba los grandes montes nevados y el resto de aquella solitaria ciudad. Me levanté de la cama soñolienta, luego de bostezar un par de veces y refregarme los ojos. Di un par de pasos hasta toparme con una rústica puerta de madera, la abrí y me encontré con un esplendido y limpio baño. Éste contenía deliciosos jabones y cremas. Acondicionadores y sales. Una divertida sonrisa se clavó en mis labios. Luego noté unas velas rodeando el lavamanos. Allí me lavé mi cara, despejándome y sin dejar rastro de sueño en mi rostro. Volví a la habitación cruzando la puerta, tiré cuidadosamente de ésta para cerrarla. Cuando me acerqué a olisquear las flores, una vez más, noté un lote de papeles encima de la mesa donde se apoyaban éstas. Confundida, los tomé y lo hojeé. Como lo sospechaba, eran los archivos que necesitaba para armarme una idea de qué tipo de casa le gustaban al Sr. Efron.
No los iba a leer sin antes bañarme. Entré nuevamente al baño y ahí prendí el agua. Ésta corría ligeramente, llegando a la blanca y lisa tina. Tapé el agujero con el tapón, de a poco el agua iba subiendo, llenando la tina. Agregué un par de sales al agua, de éstos se escapaba una fragancia exquisita. Me desnudé, me solté el cabello que llevaba amarrado en una cola y me adentré. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al tocar el agua. Caliente. Sonreí. Amaba darme baños largos, donde sé que me puedo relajar sin que alguien me moleste. Pero no podía pensar en relajarme ahora. Tenía algo importante que hacer. Algo muy importante.
Después de terminar, salí y dejé escurrir el agua de mi cabello en una toalla. Me enrollé con otra de éstas y salí a la habitación. De mi maleta, saqué un par de prendas para vestirme. El día anterior no había tenido tiempo de arreglar mis cosas, estaba realmente cansada. Me vestí y luego me senté en la cama a leer el gran conjunto de papeles que habían dejado, seguramente, el día de ayer.
To Be Continued


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